domingo, 10 de febrero de 2013

(Des)esperanza


Somos una generación de ortopédicos, somos una generación de paralíticos emocionales, encorsetados. La generación de la libertad llena de ataduras, que siempre quiere poner nombre a las cosas, que no deja que estas fluyan.

Una generación a la que la libertad de la que presume, le ahoga. Una libertad que se limita a elegir entre muchas cosas, es decir, un sucedáneo de la verdadera libertad.

Una generación que reivindica la independencia y, por el contrario, depende de sus caprichos.

Una generación que reivindica su espacio pero no quiere moverse del centro de su pequeño círculo.

Una generación que exige su tiempo pero no sabe vivirlo.

Una generación que enarbola el lema de “mi vida es mía” pero no se atreve a vivirla; y, lo más importante, una generación que no se ha dado cuenta de que la vida es un regalo y no un posesión, que la vida es frágil por definición, que puede perderse en cualquier momento, pero seguimos pensando que por ser libres e independientes somos inmortales.

Y hasta aquí la desesperanza.

Porque esto comienza a clarear. Esta generación no quiere que le roben la vida, que le arrebaten las oportunidades y comienza a creer que su futuro es suyo. Comienza a darse cuenta de que no debe dejar que "le vivan la vida", comienza a considerar fundamental tomar las riendas de esta y mira hacia adelante como si en ello le fuera la vida. Porque no solo depende de ello su supervivencia, sino también todo aquello que ha heredado, todos sus derechos, sus deberes (necesarios para garantizar esos mismos derechos), su libertad. Una generación sin libertad -sobre todo de pensamiento- es una generación esclava de sus pasiones. Las pasiones, parte esencial del ser humano, pero malas consejeras cuando hay que aplicar la cabeza y la razón. 

Por eso, no debemos fiarnos de mensajes populistas que nos prometen un bienestar y una regeneración pues si algo debe regenerarse es que ya está podrido y no es posible revivirlo. Por eso, la palabra no es regenerar sino CREAR, imaginar, pensar y CREAR... No podemos permitir que nos vendan la idea de la REGENERACIÓN, sino que debemos apostar por la GENERACIÓN: la generación de oportunidades que nos hagan a todos diferentes en nuestra individualidad pero iguales en nuestra condición de seres humanos. No dejarnos uniformizar por leyes y consignas que atentan contra nuestra libertad, no solo individual sino colectiva, nuestra libertad de pensamiento, nuestra libertad de elección. 

Y hasta aquí la esperanza...

Yo la he anticipado, ahora me toca, junto con vosotros, materializarla. Los hechos respaldan las palabras, ojalá estas que aquí he escrito tengan su actualización en la realidad.

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