jueves, 24 de noviembre de 2011

De cómo lo que decimos o escribimos quizá algún día tenga sentido

Quizá tenga sentido porque ya lo hemos creído. Porque ya hemos creído y experimentado todo lo que esos poetas nos quisieron expresar y a los que hemos desterrado de nuestra cultura científica por inútiles y parásitos amigos de músicos, filósofos, pintores...

¿Será verdad todo lo que se recoge en los versos? ¿O quizá el poeta sea un enviado de algún ente omnipotente que planea una invasión terrestre para hacerse con todas nuestras obras de arte? ¿Quizá yo haya visto demasiados capítulos de Expediente X? Sea como fuere, necesito seguir hablando, pensando y escribiendo para quererme, para ser capaz de sentir que lo que moja mi cabeza es lluvia -y no ácida-, que lo que me despeina andando por la orilla del mar es viento, que lo blanco que cae del cielo en invierno aún es nieve y para decir a todos que aún están a tiempo de no convertirse en esclavos del imperio de la manipulada información, del imperio del bendito dinero que tantas alegrías y disgustos nos da, del imperio de la moral que ha sido defendida a capa y espada por los moralistas -con todo el sentido peyorativo del término moralismo- que tienen por único criterio una “metamoral” que han inventado en paralelo a la ciencia y a la rectitud intelectual científica (¿malformación intelectual? Seguramente todo lo recto no tenga fin: ¿proceso al infinito?)

Creo que ya ha quedado claro el sentido que adquirirán todas nuestras manifestaciones intelectuales y espirituales: seguiremos chillando en el estadio, defendiendo la clonación por causas humanitarias (los laboratorios dicen que todos somos personas pero aún no ha decidido la clasificación humana en jerarquía aunque todo llegará), matando personas que aún no han visto la luz del sol, pensando que podremos dominar la naturaleza y el espacio a nuestro antojo y dividiendo el mundo en zonas céntricas y periféricas -como eufemísticamente denomina la geografía humana-.

Pero seremos muy felices pues estaremos comunicados con personas que nunca hemos visto y que, por supuesto, nunca veremos pues miles de kilómetros de esperanza nos separan: en el futuro para comunicarse no hará falta estar presente sino simplemente desearlo.

Ya me lo decía mi perro: “si te hubieras puesto un chip como el que me pusiste a mí, estaríamos más unidos y comprenderías por qué me escapo de ti siempre que puedo”. Perdona, Coco, pero la sagrada ley me obligaba a que te convirtiera en un electrodoméstico más de la casa sino podrías haberte vuelto violento y morderle la nalga a alguna de esas que toman café en las terrazas e imagínate, ¡menudo lío! Tenerle que decir al juez que en realidad tenías hambre y que la culpa es del pienso americano, ¡que los americanos ya no son lo que eran fabricando piensos! Y que quizá debiera juzgar también a la de la terraza porque no se puede poner la carne en el “hocico” del hambriento y que al seguro de mis padres no le convenía incluirte en la póliza del hogar porque no se atrevían a cubrir los mordiscos en las nalgas... Y, qué sé yo, fíjate todos los líos que me he ahorrado por tenerte fichado, figuras en los archivos del gobierno, ¡ja, ya no me llevas ventaja! En el fondo, el chip que llevas en tu cuello es una cuestión del Gran Hermano, a mi no me lo reproches, yo todavía no me he encontrado el mío.

2 comentarios:

  1. Hola bombom:

    no entiendo como no te dedicas hacer lo que hace nuestra amiga carrrie... publicar todos tus textos en cualquier medio de comunicacion un poquito liberal... es genial
    he vuelto a releer los de junio que la mitad no los habia visto y son estupendos.
    me encanta la critica politica que has hecho, estoy contigo, aunque noto un poco de tristeza en tus textos.
    sigue escribiendo que yo seguire leyendo.
    besos. 7777

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  2. por cierto me uusta mucho que hayas cambiado el color de tu bog,,, es menos siniestro

    besos. 77777

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