martes, 5 de julio de 2011

De discusiones absurdas y gentes estúpidas

Pues he vuelto a tener otra vez "enganchada tuitera" y esto me lleva a reflexionar sobre el modo en el que cada uno "ejerce su derecho" a expresar su opinión. La pantalla que tenemos delante cuando tuiteamos nos da el coraje que no tenemos para defender nuestras ideas cara a cara. Defender las ideas con vehemencia está mal visto en este país de lo políticamente incorrecto y de la igualdad. Pero no todos somos iguales (principio antropológicamente filosófico por excelencia) ni todos pensamos igual, ni todos podemos defender nuestras ideas de la misma forma por no poseer todos las herramientas dialécticas e intelectuales que enriquecen la manera de transmitir nuestro pensamiento.

Existe diferentes maneras de defender las ideas en las que uno cree. Yo soy muy vehemente y muy políticamente incorrecta para hacerlo y de ahí ha nacido mi conflicto "tuitero" de esta tarde. Sin comerlo ni beberlo me he visto envuelta en un estúpido "desbarre" que me ha llevado a sacar lo más políticamente incorrecto de mi vocabulario y de mi manera de pensar. Cuando se debate con alguien que sólo se dedica a repetir consignas leídas y escuchadas, no hay manera de producir un diálogo sano, sino que uno se enfrenta a una pared que le rebota la pelota sin solución de continuidad.

Tengo para mí que una de las cosas más importantes que debe tener el ser humano es el pensamiento crítico, es decir, partiendo de unas premisas como son las educacionales y temperamentales, ir adquiriendo la base conceptual mínima y propia para poder poner en tela de juicio todas las ideas y principios que uno va adquiriendo a lo largo de la vida y ponerlas bajo el microscopio de la racionalidad para llegar a conseguir un pensamiento propio que nos defina como el ser humano único e irrepetible que somos cada uno. Para ello es muy importante leer, estudiar, formarse, escuchar, observar y algunos lo hacemos más que otros. No es solo una cuestión de inteligencia (que también) sino una cuestión de inquietud intelectual, de respeto hacia la tradición en el sentido de "tradere", de lo que nos transmitieron aquellos que pensaron antes que nosotros y que nos lo dejaron para que seamos "enanos sobre hombros de gigantes". El pensamiento de los que nos precedieron nos permite ver más allá si nos "subimos" encima de ellos. Por eso, cuando oigo a una persona que piensa por sí misma, me alegra, pero alguien que se considera autosuficiente en su pensamiento, creo que comete un error pues está dejando a un lado todo aquello que nos hemos transmitido los seres humanos históricamente.

Seguramente el que lea esto habría pensado al principio que iba a contar los detalles de una absurda conversación con una persona estúpida pero creo que esa ha sido la excusa para recordarme e intentar recordaros en esta entrada que la defensa de las propias ideas es un ejercicio sano para la higiene mental pero más sano es poder llegar a tener un pensamiento propio construido después de escuchar todo aquello que los demás nos dicen para no estar uno continuamente mirándose al ombligo creyéndose poseedor de una verdad que, ciertamente lo parece, pero que ni se aproxima a esa entidad tan deseada que llamamos verdad y que tantas caras tiene y que considero  inabarcable.

Espero que así sea, yo seguiré intentando conocer esa verdad caleidoscópica en el mismo momento en el que pulse en ese cajetín naranja que dice "Publicar entrada". Que así sea.

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